miércoles, 23 de enero de 2013






Mauricio Aira
Las víctimas de la violencia política


2013-01-22 - 22:37:25
Cuando Cecilia Ayllón juró como Ministra de Justicia se comprometió al cumplimiento de la Leyes sin omisión alguna incluyendo las signadas con los números 2640 y 3275 y de su disposición reglamentaria No. 28015 para la ejecución del resarcimiento a las víctimas de la violencia política que fueron pasibles de detención, prisión, residencia ilegal, tortura, exilio o destierro, lesiones e incapacidad calificada, muerte por violencia política, desaparición forzada y persecución política sindical. El beneficio debió haber sido tramitado ante la Secretaría de Derechos Humanos dependiente de la Secretaría de Estado nombrada.


La reciente muerte del c. Benjamín Herrera Romero, boliviano de 64 años padre y esposo, víctima de la violencia política y radicado en Suecia luego de un periplo por Chile, Argentina, Cuba, Algeria en que ha consumido su existencia calificando para beneficiarse con las disposiciones de las leyes citadas arriba, me impulsa a glosar este texto.

Cuando salió la disposición en Bolivia que copió similares de Argentina, de Paraguay, de Chile, de Uruguay, la esperanza inundó la existencia de Benjamín. Cumplió con todos los requisitos, consiguió un apoderado que llevase el trámite ante el Ministerio, no dudó en realizar los gastos, a pesar de su magra economía familiar, se mantuvo en la larguísima espera de uno, dos, cinco, más años hasta que le asignaron el número 1294 y la promesa de que muy pronto, al producirse un nuevo cambio de gabinete Benjamín podría finalmente cobrar el beneficio. Por lo menos cada 10 días, me lo recordaba.

Benjamín Herrera Romero fue uno de los pocos bolivianos que participaron del episodio del rapto de un avión de la Fuerza Aérea en Alto Madidi norte del departamento de La Paz. Esta fuga referida entonces en los grandes medios del Continente, constituyó una denuncia de los métodos de persecución política por un régimen militar.  lo recluyeron en el inhóspito territorio del Madidi desde donde lograron fugar en busca de libertad. Sufrió prisiones sin cuento hasta que al llegar al poder Hugo Bánzer Suárez obtuvo refugio en Santiago junto a un puñado de compatriotas que inmediatamente después del golpe de Pinochet, recluídos en el estadio nacional, recibieron protección del Embajador Argentino.

 Los trasladaron masivamente, algunos como Mario Rios fueron brutalmente asesinados. Poco tardó la contrarevolución en llegar también a la Argentina, se rebelaron los militares y echaron a la Presidenta Isabel Perón, los refugiados no tuvieron otra alternativa que poner sus ojos en los países europeos regidos por la social democracia internacional. Entre ellos Olof Palme fue el más afectuoso, abrió las puertas de Escandinavia, especialmente del Reino de Suecia a los refugiados latinoamericanos, al grupo que en Buenos Aires esperaba ser evacuado sin demora.

Benjamín fue apodado “tornillo” por sus camaradas primero del Partido Comunista y más tarde de la falange que apoyó al Ché Guevara y que se identificó como ELN, grupo pro guerrilla que fue el blanco de todas las persecuciones. En una de las muchas confidencias, sesiones interminables de tertulia y recuerdos, me explicó “tornillo” que en algunas acciones le encargaron cuidar “los fierros”, las armas que desde un rifle y un par de pistolas fue creciendo hasta convertirse en un pequeño arsenal. “Tornillo aquí, tornillo allá”, le sabían responsable hasta la muerte de las herramientas de defensa del grupo.

Madidi en medio del tupido bosque del noreste estaba apenas habitado por unos pocos soldados y unos cuantos agentes de policía, los presos de 1971 fueron allí dejados a su suerte para vivir en un pahuichi, una choza donde se apiñaron en grupos de seis, de ocho, de 10, en medio de un calor abrazador de 40 y más grados a la sombra, alimentación de sobrevivencia, culebras, tortugas, loros y otros animalitos, castigo reservado para los peores delincuentes, insoportable para una persona normal, menos para los citadinos, profesionales y estudiantes que llegaban de las ciudades, los militares llegaron a reunir 60 presos, hasta que la acción de los revolucionarios apoyados por los soldaditos frustró los planes de Bánzer,  en noviembre de 1971 tomaron el campamento y esperaron la llegada del avión semanal con víveres y el correo.

En una operación bien planificada tomaron también el avión, lo abordaron y partieron de allí. No todos, porque algunos decidieron quedarse. Entre los raptores de la nave estuvo Benjamín. 16 pudieron escapar.
No cuesta imaginar la forma de vida en tales circunstancias, mal alimentados, sin suficiente abrigo, fueron obligados a construir sus propias celdas. El coronel Selich que terminó “asesinado” en un hecho nunca aclarado, resumía todo el furor de un régimen que había provocado no pocas bromas a raíz del rapto del avión en Madidi, el represor se estaba vengando del incidente, en Coati se repetiría otra hazaña, cuando en noviembre del 72 casi todos se fugaron en lanchas y embarcaciones de los campesinos hasta llegar a Yunguyu en territorio de Perú, atravesar el lago no fue fácil, demasiados pasajeros para las precarias embarcaciones, los huidizos eran 73. Banzer se vio obligado a cerrar la famosa prisión del lago más alto del mundo.

He referido con algún detalle el inicio de Benjamín en la lucha democrática. Al ser un fugitivo de Madidi, así figura en el libro del Dr. Vargas Martínez sobre el infierno verde donde los mosquitos hacían su agosto en los debilitados cuerpos de los prisioneros políticos, también Arturo Montalvo capitán del DC3 que los transportó al Perú donde pidieron asilo en Chile y Salvador Allende los recibió según cuenta Javier Claure uno de los protagonistas del episodio, porque los deshumanizados funcionarios del Ministerio de Justicia, que en realidad debería llamarse de la Injusticia con su titular  Cecilia Ayllón a la cabeza, creyeron que asignándole un código, ya habían cumplido con esta víctima. Nada más falso, como tampoco cumplieron con Walter Bejarano, con Walter Machicado, con José Vargas, con Diógenes Guarachi, y otros muchos que dejaron el mundo de los vivos.

Estos c.c. se marcharon siendo doblemente víctimas, primero de los regímenes de fuerza, y luego de la Injusticia ejecutada en un Régimen que llegó al poder proclamando que cumpliría con las mujeres y los hombres que pasaron por la persecución, la cárcel, la tortura y el exilio y que hoy después de casi 8 años de iniciados los trámites, se tiene que las casi 6 mil víctimas, no reciben un solo mendrugo de pan, no obstante que organismos internacionales de DDHH y de Amnistía y de Justicia Internacional han provisto una parte de los fondos que servirían para cumplir con ellos.
No puedo soportar el doloroso cuadro de c.c. que en Bolivia y fuera de ella cierran los ojos sin conocer “el resarcimiento” que la ley del 11 de marzo del 2004 acuerda a su favor y beneficio, siendo que el Ministerio de Justicia tiene el deber de cumplir la Ley reglada el 22 de febrero del 2005, y estando reconocido su legítimo derecho.

No es posible que funcionarios probos, conscientes de su responsabilidad institucional dejen pasar el tiempo sin ejecutar sin mayores dilaciones lo estipulado, aún cuando serán sus viudas o herederos que reciban el beneficio.  Si la dilación y el engaño continúan, los solicitantes tendrán toda liberta de recurrir a Tribunales de Justicia Internacional en demanda de Justicia en Derecho.


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