lunes, 1 de octubre de 2012



PLATAFORMA DE LUCHADORES SOCIALES CONTRA LA IMPUNIDAD,
LA JUSTICIA Y LA MEMORIA HISTÓRICA DEL PUEBLO BOLIVIANO

¿Quiénes somos?

                           Bolivianos, que durante las dictaduras militares instauradas en nuestro país entre los años 1964 a 1982, hemos luchado desde nuestras organizaciones, estudiantiles, sindicales, académicas,  periodísticas y políticas, por la recuperación de la democracia.
                           En ese tiempo fuimos jóvenes idealistas que no hemos regateado ningún esfuerzo, hemos enfrentado muchos riesgos, persecuciones, pérdida de trabajo por despidos, pérdida de los derechos ciudadanos y la libertad individual, sufriendo detenciones en casas de seguridad, en cárceles y cuarteles, confinamientos en Madidi, Ixiamas, Pekín, Puerto Rico y otros lugares ubicados en la selva amazónica, o en la Isla de Coati en el lago Titicaca, sólo durante la dictadura del Cnel. Banzer mas de 4.000 personas fuimos expulsados del país, o sea que fuimos exiliados, algunos de nuestros compañeros  entregaron la vida y varios  aún están desaparecidos.
                          Nuestros padres, hermanos, esposas, hijos han sido víctimas de hambre, discriminación y zozobra, porque no sabían del lugar donde estábamos, perdieron los medios de subsistencia que les dábamos, dando lugar a problemas sociales tales como divorcios, abandonos y orfandades.
                           Cuando ingresamos a la lucha NUNCA pensamos obtener alguna recompensa por nuestra decisión, pero ahora hay una ley que queremos que se cumpla.

sábado, 29 de septiembre de 2012




COMUNICADO

Las organizaciones de las victimas de la Violencia Política durante las dictaduras militares, comunican a la opinión pública en general y, en particular a nuestros compañeros, compañeras, familiares, Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, Defensor del Pueblo y activistas de distintas Instituciones Derechos Humanos lo siguiente:


AMNISTÍA INTERNACIONAL
COMUNICADO DE PRENSA

21 agosto de 2012
Bolivia: Autoridades deben otorgar reparaciones integrales a víctimas de violaciones de
derechos humanos durante regímenes militares y autoritarios

Las autoridades de Bolivia deben otorgar reparaciones integrales a las víctimas de violaciones de
derechos humanos cometidas durante los regímenes militares y autoritarios en el país, en línea
con los principios internacionales, dijo hoy Amnistía Internacional.

El llamado tuvo lugar en el 41 aniversario del golpe de Estado del general Hugo Bánzer Suárez.
Durante los siete años del régimen de Bánzer y otros gobiernos militares o autoritarios entre 1964
y 1982 se cometieron graves violaciones de los derechos humanos, incluidas torturas y
desapariciones forzadas.

“A pesar de algunos pasos positivos que se han tomado, incluyendo la exhumación de restos de
desaparecidos, no se han logrado avances en la identificación y enjuiciamiento de los
responsables. Los archivos militares no se han desclasificado y miles de víctimas y familiares
esperan sus reparaciones,” dijo María José Eva Parada, investigadora sobre Bolivia de Amnistía
Internacional.

Desde la promulgación de una ley sobre resarcimiento a víctimas de violencia política, en marzo
de 2004, el Ministerio de Justicia de Bolivia recibió alrededor de 6.200 solicitudes.
Sin embargo, según datos oficiales, sólo 1,714 personas han sido calificadas como beneficiarias.
De estas, hasta la fecha, alrededor de 800 personas habrían recibido alguna compensación
económica. El resto de las peticiones han sido desestimadas.

Varias de las personas afectadas se encuentran manifestándose frente al Ministerio de Justicia
desde hace aproximadamente seis meses.

Para poder acceder a las medidas de resarcimiento, el Ministerio de Justicia solicitó a las víctimas
certificados médicos forenses sobre las torturas sufridas, certificados de defunción de personas y
otros documentos de la época que resultaban difíciles o incluso imposibles de obtener.

“Los requisitos impuestos por las autoridades para obtener las reparaciones establecidas por ley
han sido sumamente restrictivos y han imposibilitado a muchas víctimas acceder a cualquier
medida de reparación, además de promover la re victimización de muchas de ellas,” dijo María
José Eva Parada.

“Es imprescindible que el Gobierno instaure un mecanismo de apelación y revisión de las
solicitudes que garantice a los sobrevivientes y los familiares de víctimas su legítimo derecho a
obtener reparaciones por las violaciones sufridas.”

En abril y mayo de este año fueron aprobados una ley y un decreto por el cual se disminuyeron las
cantidades económicas para resarcimiento previstas en la ley de 2004 y se hizo pública la lista de
beneficiarios; pero sin indicar el monto que recibirían. Según información obtenida por Amnistía
Internacional, las personas beneficiadas desconocen el alcance de la indemnización hasta el
momento de recibirla.

“Por un lado, muchas víctimas enfrentan dificultades para acceder a las medidas de
resarcimiento; y por el otro, cuando pueden acceder a estas medidas, se les niegan las cantidades
económicas previstas por la ley de 2004 y además hay falta de transparencia en cómo se
determinaron los montos y cuáles son,”dijo María José Eva Parada.

Información complementaria

El 11 de marzo de 2004 se dictó la Ley 2640 de “Resarcimiento excepcional a víctimas de la
violencia política en periodos de gobiernos inconstitucionales”.

La normativa establece una serie de medidas compensatorias tales como asistencia médica
gratuita, rehabilitación psicológica y beneficios económicos para víctimas y familiares de personas
que hubieran sufrido tortura y desapariciones forzadas, entre otras violaciones de derechos
humanos.

Según esta ley, el Estado se comprometía a pagar el 20 por ciento del resarcimiento total mientras
que buscaría fondos externos para pagar el 80 por ciento restante. El 30 de abril de 2012 la
Asamblea Legislativa Plurinacional aprobó la Ley 238 que modifica dos artículos de la Ley 2640
relacionados con el pago económico a las víctimas. Un día después fue aprobado el Decreto
Supremo 1211 para reglamentar el pago individual y aprobar la lista oficial de personas
beneficiarias. Las víctimas y familiares aseguran que las autoridades solamente están pagando
hasta el 20 por ciento de lo que les correspondería según la ley aprobada en el 2004.
En junio de 2012 Amnistía Internacional escribió a la Ministra de Justicia de Bolivia para solicitar
información sobre el cumplimiento de la Ley 2640 y las medidas adoptadas para garantizar el
derecho de las víctimas a una reparación justa. Hasta la fecha, la organización no ha recibido
respuesta de las autoridades.

Conforme al derecho internacional el Estado tiene la obligación de otorgar una reparación integral
a las victimas de violaciones de derechos humanos incluyendo medidas para la restitución, la
indemnización, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición.

Según los informes de las organizaciones de víctimas durante los regímenes autoritarios o militares
(1964-82) hubo más de 100 desapariciones forzadas. Se calcula que durante los siete años del
régimen de Bánzer (1971- 1978) centenares de personas fueron víctimas de torturas y más de 70
fueron desaparecidas.

Para más información o para solicitar una entrevista, favor de contactar a: Josefina Salomón, +44
7778 472 116, jsalomon@amnesty.org
Lo que no hay, son autoridades que se ocupen de solucionar el problema de los sobrevivientes de las dictaduras que recuperarón la demócracia y están cerca a siete meses reclamando un derecho negado por el gobierno de Evo Morales.

martes, 25 de septiembre de 2012


COLQUIRI Zulema Alanes Bravo
zalanes@hotmail.com

Colquiri, una de las minas de estaño y zinc más ricas del país, es hoy objeto de una nueva disputa.  Un Decreto Supremo, el 1337, que según fuentes de Comibol es hechura del ministro de Minería y Metalurgia, Mario Virreira, echó gasolina a la histórica querella  de mineros asalariados y cooperativistas  por el control de ese centro minero y puso en evidencia los altos costos de una errática política minera.


LA ACTUALIDAD DEL PROLETARIADO

Raúl Prada Alcoreza
Cuando el proletariado se concentra, marcha y desfila es como si convocara a todos los proletarios del mundo y de la historia, es como si todas las luchas contra el capital fueran reunidas en un solo acto. Ocurre como si brotase del interior de los cuerpos concentrados otro tiempo, el tiempo de la interpelación, el tiempo detenido de la revolución, según Walter Benjamin . El proletariado es la fuerza de trabajo, el que crea la valorización del valor, la valorización del dinero, del capital, con la realización y materialización de su trabajo. Es la clase explotada y condenada por el capitalismo a vender su fuerza de trabajo como mercancía, pero también es la clase, por eso mismo, que entra en contradicción con el capitalismo, la clase definida por Karl Marx como sepulturera del capitalismo. Se trata de una clase heterogénea, su composición es compleja y diversa; fueron esclavos del capital en las plantaciones de las islas del Caribe y en el propio continente americano, migraron del campo a la ciudad, se convirtieron en trabajadores, empleados en talleres y fábricas, otros fueron asimilados en las empresas agrícolas. El proletariado es producto de la gran movilidad de la fuerza de trabajo, escapa, huye, busca mejores condiciones, genera el mercado de trabajo, donde se enfrentan empleadores y trabajadores; aparecen, en principio, como dependientes, logran ser libres gracias a sus luchas, a la conquista de sus derechos y a transformaciones constitucionales. Empero, en el mundo, a pesar de lo que digan las leyes y las normas internacionales, no todo el proletariado se puede considerar trabajador libre, tampoco todos son asalariados; el capitalismo contemporáneo ha actualizado nuevas formas de esclavitud, de contratos temporales, de contratos migratorios sin que estos trabajadores migrantes gocen de ninguna ciudadanía, tampoco de derechos laborales. El capitalismo ha recreado lo que llama Yann Moulier-Boutang el trabajo asalariado embridado.


Un año de impunidad

Alex Contreras Baspinereiro

Rebelión

“¡Hijos de puta suban a los camiones!”…“¡Qué importa si son mujeres o wawas, estos indígenas son unos salvajes!”…”¡No tiene que escapar ninguno de estos perros!”…“¡Este es dirigente hay que matarlo!”, fueron algunas de las frases vociferadas por efectivos policiales cuando reprimían a mujeres, niños, ancianos y hombres de los pueblos indígenas del Oriente, Chaco y Amazonía de Bolivia que perduran en la historia del país.

Un 25 de septiembre de 2011, hace un año, efectivos policiales, agentes civiles y funcionarios de gobierno fueron protagonistas de una página negra en el denominado proceso de cambio porque con el objetivo de desarticular la Octava Marcha Indígena por la Defensa del TIPNIS, maniataron, amordazaron, golpearon y torturaron a varios representantes de los pueblos indígenas.

Aún quedan en el recuerdo las crueles imágenes difundidas por algunos medios de comunicación cuando algunas mujeres que trataban de escapar junto a sus wawas (bebés) eran sacadas desde el monte por efectivos policiales para ser arrastradas de los cabellos; otras fueron amarradas de las manos y amordazadas con cinta de embalaje para evitar que griten; los dirigentes detenidos fueron golpeados sin piedad y conducidos por la fuerza en vehículos contratados con antelación; los niños y ancianos fueron pisoteados cuando los uniformados gasificaban el campamento de los marchistas, otros se desmayaron, pero varios lograron huir para continuar su travesía.

Esos indígenas marchistas lo único que demandaban al gobierno era el ser consecuentes con la defensa de la madre tierra y evitar que se construya una carretera por el corazón o el núcleo del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). En esa oportunidad se paralizó la construcción de la mega-obra con intereses brasileros, pero hoy se realiza una consulta posterior y cuestionada por varios actos fraudulentos que podrían llevar a una confrontación entre poblaciones indígenas.

En aquella oportunidad, Evo Morales Ayma, Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia aseguró que no hubo ninguna instrucción de parte del gobierno para intervenir violentamente la marcha indígena; Álvaro García Linera, su vicepresidente, señaló que el gobierno sabía quien dio la orden de la intervención.
“Nuevamente quiero decirles a las familias víctimas (de la represión) que nos disculpen, que me perdonen. Quiero que sepan: no ha habido ninguna instrucción ni jamás habíamos pensado que podría ocurrir de esa manera, duele bastante, como víctimas que hemos sido en muchas oportunidades de la represión por la fuerza pública”, expresó el Jefe de Estado.

“Nosotros ya sabemos lo que ha sucedido, pero el Presidente ha dicho que no vino de acá ni de allá, para que se esclarezcan las cosas que se arme una comisión de investigación para que no se hable justamente de que se está encubriendo”, comentó el Vicepresidente.

¿Encubrimiento?

A pesar que altos funcionarios de gobierno confiesan que saben quien dio la orden de la brutal represión policial contra los indígenas, se guarda hermético silencio.
Un proceso que es impulsado por la fiscalía se encuentra paralizado por la dependencia a los mandatos del ejecutivo y lo que ha llamado poderosamente la atención es que algunos funcionarios que fueron los responsables directos de la represión, hoy tienen nuevos cargos.

El ex ministro de gobierno, Sacha Llorenti, destituido pocos días después de la represión policial, fue designado como embajador de Bolivia en las Naciones Unidas (ONU) y el ex director nacional de inteligencia, coronel Víctor Maldonado, hoy es el comandante general de la Policía Nacional.

El Defensor del Pueblo, Rolando Villena, en su informe identifica a 18 personas - entre autoridades civiles, policiales y funcionarios del gobierno- como los responsables de esos hechos, excluyendo al Presidente Evo Morales.

El informe indica que en la acción policial no solo hubo una serie de tratos crueles, inhumanos y degradantes sino que los testimonios dan cuenta que además hubo actos de tortura.

"La Policía Boliviana procedió a realizar una represión violenta e indiscriminada, contra bebés, niñas, niños, familias, mujeres gestantes y madres, así como personas adultas. De esta manera hubo actos de coacción brutales contra seres humanos indefensos", se lee en partes salientes del informe de la Defensoría.

Según el documento, el entonces ministro de gobierno, Sacha Llorenti, decidió y planificó la intervención policial junto a sus colaboradores y a jefes policiales como Marcos Farfán, ex viceministro de gobierno; Boris Villegas, director de régimen interior; Ramiro Delgado, ex jefe de gabinete; Carolina Vertiz, Edwin Contreras, Diego Pérez, Jorge Arzabe, Adafalit Rivero y Ernesto Castro, funcionarios del Ministerio de Gobierno; los generales de la Policía Nacional, Jorge Santiesteban, Óscar Muñoz, Modesto Palacios, Edwin Foronda y los coroneles Óscar Chávez, Alberto Aracena y Henry Terrazas por haber planificado y ejecutado la violenta intervención; además del general de la Fuerza Aérea, Tito Gandarillas, por haber autorizado aviones y combustible para trasladar a los detenidos ilegales. También están mencionados el ex ministro de Obras Públicas, Wálter Delgadillo y el presidente de la Agencia Bolivia de Caminos (ABC), Luis Sánchez, por violación de los derechos de los pueblos indígenas al imponer el proyecto carretero.

Llorenti y Sánchez, ahora acusados por violar los derechos indígenas, otrora fueron miembros de la Asamblea de Derechos Humanos.

“A un año de la masacre de Chaparina, no podemos entender que nuestro gobierno siga encubriendo a los responsables materiales e intelectuales de esta cruel represión. Quienes hemos luchado, marchado y dado la vida por este proceso creemos que no debe existir impunidad, menos encubrimiento a los violadores de los derechos humanos”, cuestionó el presidente de la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB), Adolfo Chávez.

¿Cambio?

Diferentes sectores sociales del país –ubicado en el epicentro del continente latinoamericano- empiezan con más frecuencia a preguntarse si éste es el proceso de cambio por el cual se luchó durante años.

La consecuencia revolucionaria en la gestión de gobierno está en debate.
Sólo mencionaremos dos ejemplos actuales para darnos cuenta de lo que está ocurriendo en Bolivia:

Los pueblos indígenas demandan al gobierno que no se construya una carretera por el corazón de un parque nacional y que se busquen nuevas opciones para el camino, pero desde algunos sectores del ejecutivo se insiste en atravesar el área natural afectando a la madre tierra.

Uno de los pilares fundamentales del proceso de cambio es la defensa de la madre tierra, no los proyectos desarrollistas ni extractivistas.

Hace un par de días un trabajador minero (Héctor Choque Gutiérrez, 31 años) murió a consecuencia de que una dinamita fue lanzada a su cuerpo por cooperativistas mineros. La demanda de los asalariados es la recuperación de la mina Colquiri para el Estado, el gobierno prefiere hacer ejercicios electorales porque a diferencia de los 17 mil trabajadores asalariados, los cooperativistas son más de 120 mil.

Otro de los pilares fundamentales de esta gestión es la nacionalización de las empresas y la recuperación de los recursos naturales, no la defensa de la minería privada.

En ambos casos, existió una violación sistemática a los derechos humanos que el gobierno del cambio debería evitar o caso contrario coadyuvar para sancionar a los responsables; sin embargo, ocurre todo lo contrario.

“Lo que pasa es que en el país ya no existe un proceso de cambio, sino un retroceso del cambio. Yo me sentí orgulloso cuando vi que nueve o diez policías se acercaron a mí en Chaparina para golpearme, maniatarme y pisotearme. A este desgraciado hay que matarlo gritaban los policías cuando me patearon un montón y me subieron a un vehículo sin destino. Sin embargo debo decir que aunque recibí las mayores torturas y humillaciones de mi vida que no las sentí ni en gobiernos neoliberales ni militares, me siento orgulloso por defender a mi pueblo”, aseveró el presidente de la sub central TIPNIS, Fernando Vargas.

El coordinador de Fortalecimiento e Integración Política de los Pueblos de la CAOI, Rafael Quispe, dijo que el gobierno debe cumplir los mandatos consagrados en la Constitución Política del Estado, respetar las normas en vigencia con relación a los pueblos indígenas y la ley contra el racismo y toda forma de discriminación y sancionar a los responsables de la masacre de Chaparina; “caso contrario, significará que ha abandonado para siempre este proceso y está sumido en la impunidad”.

A un año de la represión en Chaparina, no se pueden borrar de la memoria de los bolivianos y bolivianas esas crueles imágenes de represión policial contra los indígenas marchistas.

Si el Jefe de Estado calificó a esas acciones como “imperdonables”, no se debería perdonar a los responsables intelectuales ni materiales y menos premiarlos; caso contrario, sólo se estará imitando uno de los estigmas de los anteriores gobiernos: la impunidad… 

Alex Contreras Baspineiro es Periodista y escritor boliviano.